Los taoístas eran médicos, y el bienestar corporal en general les preocupaba tanto como el placer sexual. Para los taoístas de entonces y de ahora, el sexo está relacionado con la salud, no con la moralidad.
Los taoístas investigaron con detenimiento el poder curativo del coito. Además de administrar píldoras a sus pacientes, los médicos taoístas solían recetarles hacer el amor en diversas posiciones para ayudarles a curarse de sus enfermedades.
Las prácticas sexuales taoístas —o, como les llamaremos en este libro, el amor sanador— comenzaron como una rama de la medicina china, ya que se entendía que una vida sexual activa es parte esencial de la salud y de la longevidad. En estudios realizados sobre grupos de la tercera edad, la medicina moderna ha confirmado recientemente que el sexo es un factor de vital importancia para conservar nuestra salud a largo plazo.
Entre los primeros taoístas, el sexo era una ciencia seria que debía ser estudiada y comprendida como cualquier otra rama de la medicina. Los taoístas eran una especie de protosexólogos, los precursores de Masters y Johnsons, por así decirlo. Del mismo modo que estudiamos nutrición para llevar una dieta saludable y estudiamos cocina para preparar comidas deliciosas, los taoístas esperaban que la persona estudiara sexualidad para hacer que ésta fuera más sana y placentera.


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